Trebejos 3 Coronavirus 0

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La gran partida a favor de la presencialidad librada por el club más céntrico en la capital de la República Oriental del Uruguay llegó a la mitad. Y han pasado muchas cosas, y muchas seguirán pasando.

Cada pequeño detalle refleja un mundo.

Mundos indispensables para muchos, mundos indiferentes para otros.

El mundo de la calle

Fría y gris como tantas noches invernales en Montevideo.

Fría, cuando el termómetro se empeña en marcar temperaturas que jamás llegan a los dos dígitos.

Gris, cuando en las veredas de la ciudad alguien solo encuentra un cartón para abrigar su cuerpo.

Noche que se hace claridad con las luces de esa 18 de julio que sigue siendo a través de los años lugar de reunión de tantos, y por causas tan diversas.

El gris se transforma en color, y el frío se va cuando la arteria principal se llena de gente, que se aglomera, se amontona, se convoca tras un fin común. Un reclamo que los une.

También en viernes, a la misma hora, la desolada 18 le diría adiós a una semana de intenso trajín y se aprestaría a descansar para volver revitalizada a sus teatros de sábado y sus ferias de domingo.

Pero este viernes, se encontraba llena.

Silenciosa pero llena.

La gente se juntó, sin gritos, sin estridencias, pero para hacerse ver, para librar una batalla.

Muy silenciosa. Muy firme. Muy indispensable.

El mundo del salón

El silencio reinaba como ya es costumbre.

La batalla mental requiere la máxima concentración en pos del punto en juego. Al recorrer las mesas, uno encontraba que sobre determinados tableros había corazones que latían de forma diferente.

Algunos de ellos lo hacían con la naturalidad del evento deportivo, de la competencia sana en procura del objetivo final: llevarse en el bolsillo la unidad que había en juego.

Pero las luchas ajedrecisticas suelen ser descarnadas peleas mentales sobre un tablero mágico que envuelve miles de enconados enfrentamientos.

¿Y se puede pelear aún sobre un tablero con alguien al que llamamos amigo?

Una pregunta que tiene varias respuestas y ayer se vieron algunas de ellas, tanto en grandes como en chicos.

La barra «pirata», (grupo de grandes muchachos que el ajedrez supo unir en forma de hermanos), tenía a cuatro integrantes que se plantaban frente a frente, y a pocos tableros de distancia dos pequeños pero grandes compinches ponían el corazón sobre la mesa al disputar entre ellos el punto.

Nicolás Kulik y Filippo Lanzilotta eran estos últimos, que dejaron todo sobre las 64 casillas para apoderarse del preciado botín, sabiendo de antemano aquel consejo escuchado de un sabio peinador de canas: «si ganar una partida, te hace perder un amigo, tranquilo, nada has perdido, porque un amigo no se pierde por tan poco, sencillamente comprobaste que no lo era». Con esa frase como premisa, los amigos jugaron con sus mejores armas hasta que un error sin dudas provocado por el apuro de tiempo en el que se encontraba el pequeño Lanzilotta, hizo que la unidad quedara en el cálido bolsillo izquierdo de Nicolás.

En las mesas 1 y 2, los piratas en su barco, con su parche reluciente, ocuparon esas envidiables 4 sillas.

En el tablero principal las ocho primeras jugadas bastaron para que el punto se partiera al medio y terminara en la mano de cada contendiente. ¿preciada amistad? ¿mucho respeto? ¿una apuesta muy alta para pagar? solamente Facundo Domínguez y Rodrigo Ibáñez  tienen la respuesta.

Leonardo-Joel, una lucha sin pedir concesiones

A su lado Leonardo Vaz y Joel Caitano con la misma historia. Ambos navegan juntos en el mismo barco, y espalda con espalda aguantan juntos cualquier temporal, pero esta vez el tablero les decía que sólo uno se llevaría el botín. Alma y vida dejaron en cada jugada, pusieron todo su talento en pos de la victoria, que anduvo dudando con cual de los dos iba a terminar la noche del viernes, pero esquiva e indecisa terminó por no decidirse por ninguno y se quedó con los dos. Tanto dejaron de si mismos Leonardo y Joel para obtener el punto, que fueron los últimos en terminar la partida de la noche, y además, mientras el juez cerraba la fecha, y los tableros se iban a descansar, buscaban en los módulos que tenían a mano si ellos le afirmaban que era tablas la partida o la balanza se inclinaba para uno de los dos lados.

El mundo dentro del tablero

Previo a comenzar la tercera fecha eran 3 que cómodamente se ubicaban en la parte más alta de la tabla de posiciones, pero luego de terminada la ronda, debieron apretarse un poquito porque dos más se arrimaron para hacerle compañía.

Cuatro, que son jugadores del club local: Rodrigo Ibáñez, Facundo Domínguez, Joel Caitano y Gabriel Ramos, más Matías Michailov que representa al Club de Ajedrez de Paysandú.

Rodrígo, Facundo y Joel ya veían a los demás «desde arriba», pero dadas sus tablas,  Ramos que obtuvo la victoria ante el presi Milans, y Michailov que hizo suyo el punto ante Lanzilotta, se pusieron a su lado.

 

 

 

 

Pero si bien las primeras mesas son dignas de destaque y de la observación atenta de los aficionados que siguen este torneo con gran interés, con una esperanza sólida en el futuro debemos mirar con mucha atención lo que vienen desarrollando las semillas del ajedrez oriental y sin dudas la partida de Filippo -Nicolás es linda de ver y repasar.

También la del más pequeño del certamen, el bi-campeón nacional sub-8 Facundo Muniz, quien obtuvo el primer punto del campeonato, en el que terminar con 2 es su objetivo, según nos contaba al cierre de la fecha.

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El final del pequeño gran campeón, es como para tenerla en una clase y mostrarla con detenimiento: cómo tener peones de más contra pieza de menos, equiparan la contienda y a veces (como en esta oportunidad) lo llevan a la victoria. Una pena no poder compartir la partida ya que en el cierre su anotación fue dificil de reproducir y nos dejó con las ganas de tenerla acá para compartir ese final tan interesante.

……………………………………

Los ajedrecistas luchando sus batallas mentales.

Los ajedrecistas sumidos en su mundo.

En un silencio profundo y respetuoso.

Firme y sereno, para con calma tomar las decisiones acertadas.

El mundo de los ajedrecistas, el mundo del ajedrez.

Tan indispensable para muchos, Tan indiferente para otros.

 

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